En 1952, Ernesto “Che” Guevera y Alberto Granado son dos chicos normales: Guevara es un estudiante medico de Buenos Aires y Granado es un bioquímico de Córdoba. Años más tarde, Guevara sería conocido por su parte en la revolución de Cuba, pero la película de Walter Salles, Diarios de motocicleta, no menciona nada sobre su vida como un revolucionario. Por eso, parece un poco demasiada optimista a veces, como Salles piensa que es posible hacer caso omiso de la vida violenta de Ernesto Guevara no mucho tiempo después de su viaje con Granado. Pero la película, a pesar de lo que falta, está bien hecha. Durante sus viajes, Guevara y Granado visitar cinco países de Latinoamérica: Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela. Salles rodó Diarios en todos menos Colombia y, por esta razón, la película es tan bonita como es algo diferente. A veces, las vistas de la tierra parecen ser la única cosa importante, más importante que la motocicleta apenas visible en la imagen. Pero Diarios es, sin duda, más que las vistas hermosas de Latinoamérica. Es la historia de dos chicos que no están exactamente listos para edades adultas. Guevara y Granado empiezan su viaje en Buenos Aires con la motocicleta vieja de Granado y bolsas y bolsas de ropa y comida para la viaje. En el largo viaje de los chicos, aprenden mucho, de lo que no hacer con la esposa de otro hombre, a como hacer una diferencia en las vidas de los pacientes de lepra. Lo que es en la película es alucinante; todo parece real, de los accidentes de la motocicleta a los ataques de asma de Guevara. Pero es imposible no salir de la película pensar sobre lo que Salles decidió no mencionar durante la película: específicamente, las acciones violentes de Ernesto “Che” Guevara que pasaron después de la película. Al fin, Diarios de motocicleta vale la pena – pero es importante también para el público recordar la parte de la vida de Guevara que no era tan hermosa.
Esta película es sobre la corrupción en la política durante y después de la Revolución mexicana. El partido político PRI tenía poder por más tiempo y, aunque no había un dictador, el partido funcionaba como uno. Específicamente, La Ley de Herodes trata sobre un pueblito que se llamaba San Pedro de los Saguaros. La mayoría de las personas que viven en San Pedro no hablan español. Sin embargo, son muy violentos. Hubo cinco alcaldes del pueblo en tres años porque la gente mató a cada alcalde. Al principio de la película, Juan Vargas, fue elegido por el gobierno porque no es tan inteligente, va con su mujer para que sea alcalde de San Pedro. Sus intenciones son buenas y por algún tiempo trata de ser justo y ayudar a la comunidad con modernidad. Sin embargo, tiene algunos problemas con la gente en el pueblo, específicamente la dueña del burdel, doña Lupe. Después de que secretario de gobierno, el licenciado López, se niega a darle más dinero, Vargas empieza a ponerse corrupto como los alcaldes antes de él. Usa el libro de la ley para sacar dinero a la fuerza de las personas que viven en San Pedro. Es claro durante toda la película que hay una historia de corrupción en el pueblo. Vargas paga muchos sobornos por la ayuda del padre y, también, recibe mucho dinero de doña Lupe. Eventualmente, Vargas se pone violento, no sólo corrupto, y mata a doña Lupe, entre muchos otros, con la escopeta que su jefe le dio. Además, envía a casi toda la gente a la cárcel porque ellos son demasiado pobres para pagar sus impuestos y encadena a su mujer en su casa. Al fin, su jefe viene a San Pedro después de que el medico Morales, del partido del PAN, se queja de corrupción. Vargas le mató y, por eso, es elegido disputado. La mensaje de la película es, esencialmente, que es necesario aplicar la Ley de Herodes por el corrupción en todas partes. Por eso, es triste -- pero también predicable – cuando la película termina con la misma escena con cual empezó; los telespectadores saben inmediatamente que todos van a empezar otra vez en una manera similar.
En el cuarto de Ana. Ana se sienta en su cama y su madre está en la entrada.
Sra. Gómez: Ana, te dije que no puedes salir con alguien hasta que tengas 16 años.
Ana: (como una chica que tiene 15 años) Pero mamá, ¿si puedo salir con David en tres semanas, por qué no ahora? ¡Es estúpido!
Sra. Gómez: (Un poco enojada) No soy estúpida. Y esto no es negociable.
Ana: ¡No dije que tú eras estúpida! Dije que tu idea fue estúpida. ¿Por qué no me escuchas nunca?
Sra. Gómez: (Con una voz alta) Ana, no usarás ese tono conmigo. Soy tu madre y hacemos cosas come quiero hacerlas. Lo siento si no estás de acuerdo conmigo ahora.
Ana: (Con voz más alta que la voz de su madre) ¡No es justo! Todas mis amigas han tenido novios para una eternidad y siempre tengo que ir solo con ellos cuando vamos a un restaurante o el teatro. Finalmente, alguien quiere salir conmigo y ¿vas a decir que no?
Sra. Gómez: (tranquila) Ana, por favor, no exageres. Si quieres que te trate como un adulto, tienes que ser un adulto.
Ana: (No mirando a su madre) Tengo que llamar a David. Por favor, ¿déjame en paz?
Sra. Gómez: (más cariñosa) Ana…lo siento si pensaste que iba a cambiar de opinión. Antes de que tu padre muriera, consentimos que no vas a salir con alguien hasta que tengas 16 años. Quiero cumplir nuestra promesa. ¿Me entiendes?
Ana: (casi un quejido) Por favor, mamá, ¡déjame en paz! No hay derecho por David si no explico por qué no puedo ir al teatro con él mañana. ¡En serio, terminemos esta conversación y estoy tratando seguir adelante con mi vida!
Como muchas cosas, tengo dos lados. Pero, por alguna razón, a algunas personas les gusta siempre mirar a través de mí. Francamente no sé por qué. Hay una persona específica que parece estar encantada de que está afuera de mí. Se sienta a mi lado por horas y no quiere hacer nada más que mirar fijamente a la montaña. Este hombre es, por supuesto, raro. Nunca él come. No tengo idea cómo vive porque no ha tocado la comida en la cocina por meses. Cada día, sale de nuestra casa por la mañana y, cada día, regresa a una hora diferente. A mí me encanta tomarme un descanso: que nadie mire a través de mí. Mientras estoy solo, veo con frecuencia a lo que está afuera de mí. Cada vez, estoy aburrida después de dos minutos. Para esta razón, creo que hay otra explicación de sus acciones. La otra posibilidad es que completamente e indudablemente soy bonita. Prefiero creer que esta es la razón. Al fin y al cabo, ¿por qué quería una persona ver la mismo vegetación, piedras, tierra y animales cada día?
Laura tuvo que construir algo antes de que empezara a llover. Miró alrededor el claro en el bosque; ¿qué pudo usar para construir una casa? El bosque era casi vacío. Había algunas ramitas, pero no hojas, debido al invierno largo y duro. Ella se sentó en la tierra; estaba deprimida y asustada. No hacía frió ahora, pero sin sol, haría frío. Cuando el avión se había estrellado, tres personas habían quedado vivas: ella y dos hombres. Pero ellos habían tenido muchas heridas y habían muerto en menos de un día. Cuando ella no había podido disponer de los cuerpos, sabía que tuvo que moverse. Pero, ahora, en otro claro en el mismo bosque, no sabía dónde dormir y tenía hambre. Si no podía dormir o comer aquí, ¿por qué estaba aquí? No había razón. Entonces, Laura se puso de pie y, con la chaqueta que había fundido después del accidente, empezó a andar. En realidad, Laura no sabía nada sobre dónde estaba. El avión había estado de camino hacia Los Ángeles, pero se había estrellado después de menos de una hora. Por eso, ella podía estar en algún estado oeste de Illinois. Ella miró el cielo; le pareció que eran casi las cuatro por la tarde. Estaba cansada, tenía hambre y no sabía si podía andar más lejos. Delante podía ver otro claro. Cuando ella llegó, inmediatamente cayó en la tierra. Trataba de disfrutar el silencio. Pero no había silencio; a menos que estaba loca (y era una posibilidad), había una calle cerca de su claro. Se puso de pie con fuerza, no sabía que tenía y escuchó con atención. Con la pequeña fuerza que tenía, empezó a andar hacia el ruido. El problema era que no había muchos coches en la calle y, por eso, era difícil encontrar. Andaba por casi diez minutos hacia el ruido. Pero no era más fuerte y ella estaba demasiado cansada. Se echó a la tierra y cerró sus ojos. No despertó hasta que alguien se metió. Lentamente, Laura abrió sus ojos, entornando. Había dos personas mirándola y los dos -- un hombre y una mujer – tenían más de 60 años. La mujer dijo primero. – ¿Quiero una galleta, cariño? Yo las hice este mañana. Laura cerró sus ojos y, porque no sabía nada más que hacer, se quedó dormida otra vez.
Ella tropezó con los globos cuando caminó en el cuarto. Había quizás cincuenta globos, todos de la noche pasada. Pero no había solamente globos. Había todavía platos y comida en el suelo; era difícil para caminar a través del cuarto. No supo por qué el cuarto estaba sucio todavía, pero pudo recordar por qué había globos: su hija, Cristina, cumplió 21 años el día anterior.
¿Dónde está mi familia? su madre se preguntó. Su marido no estaba en la casa, y su hijo menor no estaba en su cuarto. Y Cristina. Ella podría estar en alguna parte. Probablemente, ella estaba en el departamento de un amigo, borracha de demasiado alcohol en la noche. Después de la fiesta, Cristina y sus amigos han salido a unos bares. No quiso saber cuantos bares o por cuanto tiempo; su hija tenía 21 años y podía tomar sus propias decisiones.
Miró su reloj. ¡Tres de la tarde! ¿Dónde estaba su familia? Y Cristina había dicho después de la fiesta que ella volvería antes de mediodía. Quizás estaba reaccionando exageradamente, pero Cristina solamente tenía 21 años y, a veces, cometía errores grandes. ¿Tal vez ella no tuvo un conductor designado? Fue rápido a su cuarto para vestirse. Luego, agarró un plátano y salió de la casa. Pero en el coche, hizo una pausa: ¿Dónde podría encontrar a su hija?
Después de un momento, quiso pegarse una bofetada. ¿Dónde iba a ir? Volvió a la casa y se sentó en el sofá al lado de la puerta. ¿Cuál amigo de Cristina sabría en cual casa estaba Cristina? Ella caminó al teléfono para llamar a Información por el número de Ana, una de las mejores amigas de Cristina. Pero antes de poder alzar el teléfono, sonó. Ella se detiene por uno momento en medio del cuarto. Lentamente, caminó al teléfono y lo alzó.
-- Hola -- ella dijo, casi en un susurro.
-- Hola, ¿señora Hernández? Es Jaime, del Hospital de Motril. Pienso que tengo a tu hija aquí…
La escena parece ocurrir una universidad. Al centro, hay una manta roja y cinco chicas: un picnic. Hay muchos árboles visibles en el cuadro; algunos son verdes totalmente, pero otros tienen flores rosas. Hay tres caminos en el fondo: uno a la derecha, uno más a la izquierda y uno atrás del cuadro. El picnic es sobre el césped entre el camino a la izquierda y el camino a la derecha, casi al centro del cuadro, pero un poco más a la derecha y atrás. Hay muchos colores, y cada chica tiene una camiseta de un color diferente: azul, verde, naranja, amarillo y morado. Hay diecinueve estudiantes visibles en el fondo. Siete están en el camino de atrás del cuadro, y hay seis más en cada otro camino. Todos tienen mochilas. También, hay cuatro dormitorios y una biblioteca en la escena; los cuatro dormitorios están atrás del cuadro y la biblioteca está a la derecha. Todos los edificios son de ladrillos rojos. En la manta, que tiene muchas arrugas pero parece ser cómoda, hay mucha comida: pan, queso, limonada, postres, sandía y manzanas. Parece ser cerca de las dos de la tarde. Hay nubes, pero no está oscuro. A la derecha, hay una parte de una nube oscura, casi negra. Pero en el centro del cuadro, la escena está brillante. La chica más a la izquierda está llevando una camiseta azul. Su pelo, en sus hombros, es moreno y rizado. La segunda chica, con una camiseta verde, está hablando. Su pelo es moreno también, pero es más liso que el pelo de su amiga. Ella está en el centro del cuadro y atrás de sus amigas. La tercera chica tiene una camiseta naranja con una palabra que no es visible. Su pelo es rubio y es muy rizado. Tiene un collar de plata. La cuarta chica, la chica sin una sonrisa, está llevando una camiseta amarilla con cuello. Ella parece estar pensativa en ese momento. Su pelo es pelirrojo y rizado, y lleva una cola de caballo. La quinta chica tiene una camiseta morada con una flor blanca al centro. Su pelo es muy rubio y tiene una cola de caballo también. Su pelo parece ser liso, pero no es completamente visible. Todas las chicas llevan vaqueros, todos casi de la misma tonalidad de azul. Diez chancletas están al borde de la manta. Cada par es de un color diferente y cada una tiene un diseño demasiado pequeño para verse. La chica con la camiseta amarilla – la única chica que no tiene una sonrisa – está tendida en la manta; un pie en el aire. Las otras están sentandas con sus pies cuzados y están riéndose, mirando a la chica con la camiseta verde mientras ella habla.
Al centro de la foto, hay una familia refugiada africana. No hay un padre; solamente una madre y tres niños. Dos son chicos y una – el niño menor – es una chica. La madre tiene pelo negro y lleva las trenzas. Su cara es muy delgada y seria, y ella está llevando dos niños. Probablemente, ella tiene entre 25 y 30 años, pero es posible que ella es más joven, pero ha tenido una vida difícil. Lleva una camiseta a rayas blanca y gris y una falda naranja y vieja. Su ombligo es visible, y en sus dedos, hay dos anillos. El niño mayor parece tener cerca de cinco o seis años. Tiene una camiseta sucia y gris, como si una vez, hubiera sido blanca. Hay un pequeño cuadro a la derecha con azul, rojo y naranja. El niño en el brazo derecho de su madre está llevando una camiseta azul y los pantalones cortos grises. Como su madre, su ombligo es visible. La niña en el brazo izquierdo de su madre está llevando un vestid con verde y blanco y su dedo está en su boca. En el brazo con el niño, la madre lleva una manta blanca – posiblemente para su hijo. Es evidente que es difícil para la madre llevar dos niños y una manta, pero ella es, sin duda, fuerte. Nadie tiene una sonrisa; todo parece serio, cansado y triste. Solo la madre y el niño mayor – enfrente de los otros – están mirando a la cámara; los otros dos están mirando a algo a la derecha que no es visible. Detrás de la familia, hay una cabaña de madera y cinco ramos de paja. Estuvo la tiempo bueno para ir al pueblo. La madre tomó de las manos a los dos niños menores y los tres empezaron a caminar. Era un día bonito y muchas personas estaban afuera. La madre necesitaba comprar leche y pan para sus niños. Ella tuvo solamente tres dolores. El mayor niño corrió en frente de su madre y hermano y hermana. Él tenía mucha energía, a diferencia de su madre. Finalmente, pudieron ver la pueblo. Después de comprar leche y pan, la familia empezó a caminar a su cabaña, hablando a otras personas cuando ellos caminaron.